
Yo sirvo para
esto. Me lo he repetido ciento de veces y así me lo han hecho saber las
personas que se han cruzado en mi camino. Personas a las que, de una manera u
otra he guiado por diversos lugares de la geografía europea. Han confiado en mí
para proponerles rutas, para enseñarles monumentos emblemáticos, para
señalarles curiosidades… Y es que me apasiona conocer, beber de todas esas
maravillas que existen, de esos patrimonios históricos, de las leyendas,
gastronomía, cultura…
De todos es
sabido que viajar enriquece y llena el alma. Cada viaje genera la ilusión de
otro más, cada viaje motiva sólo con pensarlo, con prepararlo…
Y así,
absorbida por esta pasión he llegado a este proyecto promovido por mi compañero
David, al que le agradezco la confianza.
Pero
ciertamente, no se trata de hablar de nosotros, o de mí. Simplemente diré que,
a través de mis artículos intentaré crear el deseo de estar aquí o allá, sólo
con cerrar los ojos.
Empezaré presentando
mi ciudad: Barcelona. Ciudad de
contrastes y no es un tópico. Ha sabido conservar lo antiguo y a su vez generar
modernos espacios. En ella todo tiene cabida, como si fuera un puzle bien
ensamblado.
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Destaco de todo ello un eje que es primordial para mí. Se trata del Eixample. La zona que más gráficamente escenifica ese puzle. Alberga todos los edificios modernistas que se construyeron a partir del S. XIX, junto con un trazado urbano único en el mundo, que hace las delicias de la construcción y del ambiente diáfano. El pistoletazo de salida fue la Exposición Universal de 1888, en la que Barcelona se volcó en la construcción y modernización. Época industrial, época de cambios. El monumento por excelencia, aglutinador de toda una trayectoria artística es la Basílica de la Sagrada Familia.
La Barcelona originaria la tenemos bajo el asfalto, en el Museo de Historia de la Ciudad y en las maravillosas columnas del Templo de Augusto. Se trata de la Barcino Romana, situada en el Monte Taber (hoy los alrededores de la Plaza Sant Jaume)
Ya en época más avanzada se ha hecho una excelente conservación de la emblemática parte gótica de la ciudad. Se pueden visitar antiguos palacios de la burguesía catalana, muchos de ellos convertidos en museos (Museo Picasso) o bien en espacios de ocio, frescas terrazas donde tomar un café o un té con tranquilidad.
Sólo queda un pequeño vestigio de la época románica. Se trata de la Iglesia de Sant Pau del Camp, situada cerca de la zona de ocio del Paral.lel (o Paralelo, antigua avenida dedicada a los teatros, hoy en desuso, pero intentando reconvertirla, de nuevo).
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Pasamos ahora
a lo más moderno. Otro hito en la historia: la Olimpiadas de 1992. Sirvió para que
Barcelona ofreciera un aspecto más cosmopolita, más actual, convirtiéndose
desde entonces en un referente mundial para el turismo. Se creó toda la parte
de la Villa Olímpica y se abrió la ciudad al mar, para la alegría de sus
habitantes. Se remodeló la zona del puerto y sus muelles, así como la Montaña de MontJüich, con sus estadios y su Torre Calatrava.
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Más tarde, en
2004 vino el Fórum Universal de las
Culturas, donde se construyeron edificios más lineales y minimalistas. Pero no
fue hasta 2005 cuando se elevó la impresionante Torre Agbar, icono de la Barcelona
más “fashion” nunca vista. La obra del arquitecto francés Jean Nouvel
sorprendió a todos los barceloneses que, como ocurre con todas las novedades,
se posicionaron a favor o en contra, pero sin duda el edifico marca una nueva
etapa de apertura hacia el mundo.
Espero que os
haya gustado este esbozo de una ciudad en la que, como pasa en la mayoría de
lugares, lo que no se ve… a veces es mucho más interesante, pero lo público y
notorio hace que desees buscarlo
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Lottie Little Loitte






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