Poner en marcha un proyecto desde cero no es fácil y dar salida a los primeros artículos de nuestra web tampoco. Resulta difícil eso de establecer el primer contacto con vosotros, el público, sin que parezca algo demasiado frío y sin que esto se convierta en una mera transmisión de datos y experiencias sobre viajes.
No, no queremos ser una web distante de su público, que se dedique a publicar contenidos sin un hilo y sin contenido. Por el contrario, queremos que nuestra web sea una historia y que cada uno de los que estamos detrás de ella una persona como vosotros y por ello, ¿Qué mejor forma de empezar que presentarnos? Sin embargo, para presentarme he querido huir de convenciones habituales y recurrir a lo que más nos interesa a todos aquellos que, como dice el título de esta web, somos unos adictos del viaje.
A partir de hoy, yo voy a hablar aquí sólo de viajes, de turismo, de lugares, de museos, etc y, por tanto, poco sentido tiene que me ponga a contaros cosas de mi vida que seguramente no os interesen. En cambio, lo que seguramente os interese o, al menos, os haga falta para entender mejor lo que escribo, es mi forma de ver las cosas, mis inquietudes y mis intereses a la hora de conocer el mundo y para contaros esto ¿Qué mejor forma que narraros el primer día de mi primer viaje fuera de España? En él yo creo que se revela en buena medida mis intereses, mis gustos y, en definitiva, mi forma de entender eso que llamamos "viajar" así que, sin más dilación, ¡Allá vamos!
Aquí arriba podéis ver un mapa en el que se detalla todas las vueltas que di ese domingo por Londres, una caminata de unos 23 km si nos fiamos de lo que dice Google Maps y en la que se resume perfectamente lo mejor del primer día de un viaje a una ciudad: el poder caminar hasta el infinito sin por ello no dejar de sorprenderte a cada instante, en cada esquina, con lugares famosos y que ya has visto en muchos lugares como el Big Ben hasta lugares menos conocidos como cualquier calle londinense con su propia vida.
Como podéis apreciar, para nada es una ruta que te permita ver todo Londres en un día, ya que obvia zonas tan importantes como la City, el Covent Garden o la esencia de Hyde Park, pero tendréis que entender que se trataba tan sólo del primero de muchos días de un verano londinense en el que me pude recorrer la capital inglesa de palmo a palmo, así que no creo que esté nada mal.
Esta ruta se inicia en South Kensington, una agradable zona de museos en la que ya nos podemos maravillar de la arquitectura londinense. A este respecto, creo que lo mejor que podéis hacer siempre que os vayáis a una gran ciudad de viaje es, al menos el primer día, no coger el metro o usarlo al mínimo, siempre que no os encontréis demasiado alejados del centro, ya que así podéis entrar en la esencia de la ciudad, comprobar su fisonomía y ubicaros para el resto de días.
Desde ese punto de partida inicie mi camino, con las calles casi vacías debido a lo madrugador de mi viaje, y encontrándome ya con algunas de las maravillas londinenses como el Museo de Historia Natural que, aunque en contenido me decepcionó bastante (me esperaba más realidad y menos plástico, sobre todo en la tan aclamada sala de los dinosaurios) siempre he de recordar por su excepcional edificio, de cuento y perfecto. Un edificio que, por ejemplo, me parece bastante más significativo que el de Harrods, el cual me encontré caminando un poco más en la calle y al que le hice mi primera fotografía, de ahí que sea esa la que inicie este artículo.
Continuando mi camino y después de pasar todo el Brompton Rode, calle de tiendas a lo Oxford Street, llegué a la esquina de Hyde Park y me encontré con una agradable sorpresa: ese domingo se celebraba una prueba del mundial de Triatlón. Entre bicicletas y policías pude ver algo de Hyde Park o el Arco de Wellington, todo ello entre unos cuantos monumentos dedicados a soldados de distintas a guerras que bien abundan en todo Londres.
Continuando calle abajo llegué ya al que es, sin dudas, uno de los corazones de Londres: Buckingham Palace, el esplendoroso palacio de la Reina que tiene la fortuna de tener su mansión en pleno centro de Londres y con un jardín bastante amplio, cómo no, de su uso exclusivo. A la altura de tanto esplendor se encuentra también el precio de la entrada para visitar el palacio: unas 16 libras hace un año que, después de mi experiencia, no os recomiendo salvo que seáis muy fanáticos de la reina, ya que por ese dinero podéis realizar mejores visitas que, sin dudas, os aportarán bastante más.
Aún sin que entréis ya podréis sentir una de las realidades británicas que a mí más me hicieron gracia: la notable devoción que suscita la realeza en cada rincón del país, aunque ella suponga un notable derroche de lujo y dinero y aunque aún conserve formas de poder poco democráticas, poseyendo al contrario de lo que ocurre con el Rey en España, multitud de propiedades a lo largo de todo Londres y de toda Inglaterra. Referido a ello, resulta muy recomendable durante el verano aprovechar la oportunidad de visitar por dentro las Casas del Parlamento (House of Parliament), donde, a través de un recorrido por el esplendoroso edificio gótico a la orilla del Támesis, os explicarán en castellano cómo funciona la democracia en Londres y cómo aún la Reina tiene un notable poder en una de las cámaras parlamentarias.
Continuando en el viaje, la siguiente parada está en el Mall, una excepcional carretera en línea recta que va desde Trafalgar Square hasta Buckingham Palace pasando por el Aldmiranty Arch. ¿Lo mejor de este paseo? El espíritu británico que se suspira entre tanta bandera, si es que visitas Londres el día que estén izadas, así como el primer contacto de cerca con la Guardia Real Británica.
Si damos un giro a la derecha nos estaremos ya dirigiendo hacia Horse Guards Parade, la residencia de la guardia a caballo, tal y como podéis comprobar vosotros mismos si os dirigís a la entrada del edificio en la calle Whitehall. Sin embargo, os recomiendo que no caigáis en la tentación de entrar a lo que venden como un maravilloso museo y que realidad es, dicho vulgarmente, una gran mierda. Lo mejor será seguir con nuestra ruta adelante y divisar ya al fondo la zona más conocida e identificativa de Londres: Westmister Brige, con el asombroso Big Ben como gran protagonista. Si hay un monumento en Londres que merece la pena verlo en verdad por mucho que ya lo hayas visto mil veces en foto, ese es sin dudas el Big Ben y, en general, todo el edificio del parlamento, ya que te deja sin palabras: espectacular. Yo me podría pasar horas admirando tan bello edificio y, de hecho, lo hice, y es que si hay una zona de Londres que puedas estar viendo durante horas sin cansarte para mí es ésta: preciosa de día y, aún más si cabe, de noche.
Cruzar el puente (verde en honor a la Cámara de los Comunes) es algo que os recomendaría que hiciéseis en varias ocasiones, ya sea para divisar las Casas del Parlemtno con perspectiva, o para ver el London Eye de cerca, una zona con fuerte vitalidad y donde podéis además encontraros con un MacDonals, buen recurso para todos aquellos que quieran por aquí encontrar un baño ya que, si no lo sabíais, mear en un baño en cualquier ciudad no es un acto gratuito.
Una vez pasé por una de las esencias de Londres, mis piernas continuaron caminando a la orilla del Támesis comprobando lo embarradas que están sus aguas y apreciando los detalles que se divisan por amas orillas, y es que caminar y divisar el horizonte y lo que dejas atrás, por si no os ha quedado ya claro, es mi hobby favorito. Y así, caminando y caminando, llegué a Trafalgar Square, otro bonito lugar céntrico de Londres donde descansar durante un buen rato mientras sus fuentes chorrean litros de agua y, si tienes calor, incluso te pueden refrescar sentándote en el lugar adecuado. Enfrente se encuentra ya la National Gallery, toda una atracción llena de pintores de gran renombre pero que, a decir verdad, no me suscita demasiados elogios ya que, por mucho que veo un cuadro, si no lo entiendo, no disfruto haciéndolo. Aún así, sólo por ver, por ejemplo, Los Girasoles de Van Gogh es una parada obligatoria.
Continuo con mi ruta y me dirijo a la cinéfila Leicester Square, donde se encuentran los cines más grandes de Londres (cines Odeon) que en ese momento emitían la última peli de Harry Potter, un buen momento para recoger en foto. Si no se me diera tan mal la lengua de Shakespeare me hubiera animado a entrar en la sala, pero no quería sufrir no entendiendo nada.
Muy cerca de aquí, en una zona llena de vitalidad a cualquier hora, y donde podréis disfrutar de lo mejor de la noche londinse (pagando entrada y no llegando al desfase que te puedes encontrar en cualquier rincón de España), nos encontramos con uno de los puntos clave de Londres: Picadilly circus. Para mí, un buen lugar en el que apreciar el movimiento de una ciudad como Londres: artistas callejeros, continua gente transitando las calles, carteles luminosos, tráfico colapsado...
Alejándome del mítico Picadilly me dirijí, callejeando por las proximidades del Soho, a la calle de las compras por excelencia: Oxford Street. Todas las tiendas que quieras (hasta el edificio grandísimo de Primark) las puedes encontrar en esta concurrida calle que, aunque también sirve muy bien para sumergirte en el caos de la ciudad que a mí tanto me gusta, no tiene gran interés y es que, donde estén los edificios que maravillan, museos llenos de historia o remansos para la paz como son los parques londinenses, que se quite el impulso de comprar, sobre todo si estás de viaje y lo menos que te sobra es tiempo para pasar horas engullido en una tienda que, cosas de la globalización, es igual que la que te puedes encontrar en España.
Por tanto, dejé a un lado Oxford Street y volví a callejear por una zona sin mucha gente pero que te permite respirar la ciudad pura y dura para finalmente llegar a mi museo preferido de Londres, el Museo Británico que, aunque visité en varias ocasiones para poder admirarlo por completo, incluyendo su blanco hall que también me maravilló, nunca me resultó fácil de encontrar: podéis llamarte tonto o algo parecido pero, optando por diferentes bocas de metro o llegando por distintas zonas, siempre acababa dando vueltas alrededor del museo, cosas de la vida.
Una vez que, como ocurrió varias veces a lo largo de mi estancia, me echaran del museo (muy amablemente, eso sí) salí por la puerta y volví al centro de Londres pensando que las cosas allí cierran demasiado pronto, y es que a partir de las 18:00 sólo te queda callejear y callejear salvo algunos días como los viernes en los que las atracciones cierran más tarde. Tened esto bien en cuenta a la hora de planificar vuestro viaje, ya que ver museos siempre es algo que se debe priorizar por la mañana.
Retornando ya al centro londinense y después de agenciar un par de postales que, aunque sean una tradición un tanto desfasada, me sigue gustando coleccionar, me dirijí de nuevo al centro de Londres que, en una caminata bastante larga, acabaría por pasar de nuevo por Picadilly o Westmister para finalmente empezar a oscurecer (por lástima, en Londres el día dura menos que en España y, además, las calles se quedan vacías por menos de nada) y dirigirme por las últimas paradas de mi viaje: Victoria Station (adoro el tren británico), St James Park (como ya dije, un remanso de paz en el que nadie se ha negado nunca a jugar con una ardilla) o, de nuevo, el centro nocturno: Picadilly, donde, por primera vez en el día, el metro me esperaba, no sin antes ir al Mcdonals de turno, coger unas patatas y comerlas sentado en la fuente de Eros, una sensación que también recomiendo.
Y hasta aquí mi primer día en Londres. Gracias a todos los que hayáis llegado hasta aquí porque, si mi intención se hace patente, me habréis conocido un poco más y, de paso, habréis dado un pequeño paseo por Londres. Solo me queda invitaros a participar y hablar sobre esta gran ciudad, Londres.
____________________________________________________________________________________
____________________________________________________________________________________
David García






No hay comentarios:
Publicar un comentario